mírateVeinticinco preguntas de 1943 que siguen acertando. Te retratan a ti, y luego te dicen si tus amigos te conocen de verdad.
En 1943 un tal doctor S. Klauser publicó en Barcelona un juego de sociedad: veinticinco preguntas, cinco grupos, y sesenta y cuatro retratos posibles. Tuvo trece ediciones. Tus abuelos lo jugaban en las meriendas para averiguar cómo eran sus amigos y esa persona que les gustaba.
Esta es la edición revisada. El doctor no ha cambiado de opinión sobre ti. Solo de siglo. Las preguntas ahora hablan de tu vida, pero miden exactamente lo mismo que medían entonces.
Y siguen acertando, que es lo que da un poco de miedo.
Esto es un homenaje. El original está entero, tal como lo publicó el doctor, con su fumoir y su budoir, por si quieres jugar al que jugaron tus abuelos.
Basado en «El espejo de ti mismo», de S. Klauser. Editorial Surco, Barcelona, primera edición de septiembre de 1943. Trece ediciones hasta 1959.
Contesta rápido. Lo primero que pienses es lo que eres. Lo segundo ya es lo que te gustaría ser.
Si dudas, es que no. Sin excepciones.
No hay respuestas buenas. Hay sesenta y cuatro retratos y todos tienen algo que duele.

Son dos cuestionarios distintos. Miden cosas distintas, como en el libro original.
Contesta las veinticinco por ella, como si fueras ella. Te saldrá el retrato que tú le harías.
Y luego se lo mandas, para que conteste ella misma y veáis quién tenía razón.
Se queda en tu móvil. No lo guardamos en ningún sitio.
Lo primero que se te pase por la cabeza.
Si dudas, es que no.
Tu mejor amigo. Tu hermana. Tu madre. Tu ex, si te atreves.
Se queda en tu móvil. No lo guardamos en ningún sitio.

Contesta lo primero que se te pase por la cabeza. Si dudas, es que no. Al terminar, y no antes, sabrás en qué has acertado.
Pon tu nombre para que sepa quién le ha retratado. También puedes mandarlo sin firmar: el veredicto cuenta igual.
Se queda en tu móvil y viaja solo dentro del enlace que mandas.
Cuando abra tu enlace, tu veredicto se sumará a su tribunal. Con tres, se le abre el retrato que le hace todo el mundo.

Puede que te conozca bien. Puede que no tenga ni idea. Contesta tú las veinticinco y te digo pregunta a pregunta en qué acertó y en qué se equivocó.
Si vuelves a contestar, tu retrato cambia. Pero los veredictos que ya tienes siguen siendo sobre las respuestas de antes, y así se seguirán puntuando. Quien todavía no te haya contestado te juzgará sobre aquellas.
No se pierde nada. Simplemente convivirán dos versiones de ti, y conviene que lo sepas.
Tu tribunal se abre con tres veredictos. Manda el espejo y empieza a contar.
Cada persona contesta las veinticinco como si fuera tú, sin ver tus respuestas, y te devuelve su veredicto. Tú lo abres y se suma solo.
